Meditación
25 octubre de 2020 – Domingo 30º del Tiempo Ordinario

23 de Octubre 2020
 Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez
Meditación25 octubre de 2020 – Domingo 30º del Tiempo Ordinario
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“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente...”.

A cualquier cosa se le llama hoy “amor”. Pocas realidades han quedado tan desfiguradas por la propagación de ideas, costumbres y corrientes de todo tipo. Por ejemplo:

Para bastantes personas, “amar” significa sentir una atracción de carácter sentimental o sexual. Esta atracción desencadena un comportamiento amoroso de entrega a otro; cuando esa atracción se apaga, desaparece el amor. Es el mito del “amor romántico” que contiene, como todos los mitos, verdades y mentiras. En esa relación hay muchos sentimientos verdaderos. Pero esa atracción puede surgir también de la biología, de hormonas, del egoísmo o del afán de aventura.

Está también bastante extendido el mito de que, si se ama, se termina siempre sufriendo. Es cierto que amar es arriesgarse; quien ama puede experimentar en algún momento la decepción... el desamor. Pero es falso relacionar el amor exclusivamente con el sufrimiento. El dolor es inevitable para todos. Pero lo es todavía más si una persona se va encerrando egoístamente en sí misma sin amar ni dejarse amar... sin amar y ser amado.

Existe también el mito que exalta el amor como la panacea que lo resuelve todo. No. Tampoco. Algunos piensan que lo importante para la persona es encontrar “el amor de su vida”. Este amor terminará con su soledad, transformará su vida, les aportará seguridad y alegría. Qué duda cabe que una experiencia amorosa sana es un estímulo inapreciable para vivir. Pero, lo es, sobre todo, cuando la persona no se contenta con “recibir amor”, sino que desarrolla su capacidad de amar y no sólo al “ser amado”, sino también a otros más, a quienes día a día va encontrando en su vida.

El mito de la espontaneidad dice que el amor ha de ser espontáneo. De lo contrario, es algo forzado, artificial y falso. Sin duda, el amor puede nacer de forma espontánea. Lo falso es pensar que ésa es la única forma de amar. En realidad el amor es un arte (una tarea) que se ha de aprender día a día, muchas veces en circunstancias adversas. Amar significa comprender, perdonar, respetar, aliviar el sufrimiento del otro, y todo esto no brota siempre espontáneamente. Se necesita atención, esfuerzo, determinación... decisión, voluntad.

Otro mito dice que amar es difícil y complicado. Lo importante es encontrar un hueco en la sociedad y establecer relaciones “interesantes” con las personas. La pareja y los amigos interesan en la medida en que te ayudan a soportar la vida. Sin embargo, el ser humano está hecho para amar y no sólo para ser amado. La persona conoce una alegría honda cuando es capaz de amar y de amar desinteresada y gratuitamente.

El verdadero amor cristiano se aprende de Jesucristo. Es Él quien nos enseña a amar no sólo a quien despierta en nosotros una atracción agradable, sino también a aquellos que necesitan una mano hermana que los sostenga. ”Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Más aún: ”Se amarán unos a otros como yo los he amado”. Y para eso se necesita decisión y voluntad... más que sentimientos y emociones...

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán

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