Meditación
18 octubre de 2020 – Domingo 29º del Tiempo Ordinario

15 de Octubre 2020
 Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez
Meditación18 octubre de 2020 – Domingo 29º del Tiempo Ordinario
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“Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?”. (Mateo 22, 15–21)

A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa irrebatible. No vienen ellos mismos a encontrarse con Jesús. Le enviaron algunos discípulos suyos (de ellos, de los fariseos). Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma. La trampa está bien pensada: “Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?”. Si Jesús responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra el Imperio de Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos galileos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que Él mismo ama y defiende con todas sus fuerzas.

La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de veintiún siglos en estos términos: “... al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos a Jesús, el defensor de los pobres.

Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. No. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes” (Salmo 24). ¿Qué puede ser del César romano que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador de Roma, ¿no son todos, todos, hijos e hijas de Dios?

Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero Jesús no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reinado de Dios y su justicia.

Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Den a Dios lo que es de Dios”. Es decir, no den a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como lo hemos repetido tantas veces, nosotros los discípulos de Jesús: los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reinado de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán

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