Meditación
21 junio de 2020 – Domingo 12º del Tiempo Ordinario

20 de Junio 2020
 Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez
Meditación21 junio de 2020 – Domingo 12º del Tiempo Ordinario
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“No tengan miedo... No tengan miedo... No tengan miedo...” (Mateo 10, 26-33)

”No tengan miedo...” Es la palabra clave, que repetida una, dos y tres veces por Jesús, confiere unidad al Evangelio de este Domingo. La fe exige como disposición de fondo el no tener miedo, no temer.

Las fuentes cristianas presentan a Jesús enteramente dedicado a liberar a la gente del miedo. A Jesús le apenaba ver a las gentes del pueblo aterrorizadas por el poder del Imperio Romano, intimidadas por las amenazas de los maestros judíos de la Ley de Moisés, distanciadas de Dios por el miedo a su ira, culpabilizadas por su poca fidelidad a la Ley. De su corazón, lleno de Dios, sólo podía brotar un deseo: ”No tengan miedo...”. Son palabras de Jesús que se repiten una y otra vez en los Evangelios. Las que más se deberían repetir en su Iglesia... en nuestros Templos Católicos.

El miedo se apodera de nosotros cuando en nuestro corazón crece la desconfianza, la incertidumbre, la inseguridad o la falta de libertad interior. Este miedo es el problema central del ser humano, de nosotros, y sólo nos podemos liberar de él, arraigando nuestra vida en un Dios que sólo busca nuestro bien.

Así lo veía Jesús. Por eso, se dedicó, antes que nada, a despertar la confianza en el corazón de las personas. Su fe profunda y sencilla era contagiosa: Si Dios cuida con tanta ternura a los gorriones del campo, los pájaros más pequeños de Galilea, ¿cómo no nos va a cuidar a nosotros? Para Dios somos más importantes y queridos que todos los pájaros del cielo.

Con qué fuerza hablaba Jesús a cada enfermo: «Ten fe. Dios no se ha olvidado de ti». Con qué alegría los despedía cuando los podía ver curados: «Vete en paz. Vive bien». Era su gran deseo. Que la gente viviera con paz, sin miedos ni angustias.

Son muchos los miedos que nos hacen sufrir en secreto. El miedo nos hace daño, mucho daño. Donde crece el miedo, se pierde de vista a Dios y se ahoga la bondad que hay en nuestros corazones. La vida se apaga, la alegría desaparece.

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán

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